Hasta nunca 2015...

Voy a empezar esta columna con mucha honestidad: tengo ganas de pasar la página del 2015. Cierro los ojos, y antes de ordenar las ideas, me asaltan escenas de crueldad, dolor, miseria y muerte. Las acompañan sonidos de balas, gritos de protesta, llantos desgarradores, voces potentes que incitan al racismo, la intolerancia, y una deshumanización sistemática. Y es que, el 2015 sacó –en muchos aspectos- lo peor de nosotros.

Detallo los eventos sin una secuencia específica. Las cronologías abundan en estos días. Lo que quiero reflejar aquí es el proceso que, como periodista y ser humano, viví en estos 12 meses.

Han pasado 70 años del fin de la Segunda Guerra Mundial, y siento que no aprendimos las lecciones que Hiroshima, Nagasaki o el Holocausto, debieron enseñarnos. Estamos repitiendo la historia, con una crisis de refugiados tan alarmante como la de 1945, con guerras raciales y religiosas, que si bien llevan milenios, ahora se expanden de manera incontrolable, a nivel global.

El creciente extremismo islámico se evidenció en los ataques de París: 129 personas murieron en 30 minutos en una embestida sincronizada en varios puntos de la ciudad, ejecutada en su mayoría por ciudadanos europeos, bajo las narices de la policía francesa.

El ver a la “ciudad de la luz” apagada llevó incluso al papa Francisco a sugerir que este año nos acercamos peligrosamente a la temida Tercera Guerra Mundial.

Los avances de ISIS en Siria provocaron que casi un millón de refugiados llegaran a territorio europeo, mayormente vía Turquía y Grecia. Más de 3,500 murieron o desaparecieron en el intento.

La foto de Alan Kurdi, el niño de tres años que murió en la playa turca de Bodrum, me recordó a la de Phan Thi Kim Phúc, "la niña del napalm", corriendo desnuda el 8 de junio de 1972, tras la severas quemaduras que sufrió en el ataque aéreo a Vietnam del Sur. Ambas captaron la magnitud de una tragedia, en un segundo eterno. El presidente Nixon llegó a dudar de la veracidad de la foto de Phan, y si hubiese conocido la tecnología actual, de seguro habría dicho que la imagen de Kurdi era un "photoshop".

Como miembro de la generación "millenial" entiendo el acceso casi infinito que tenemos al mundo de la comunicación. Recibo, analizo y envío información a una velocidad que hace tan sólo cinco años era imposible. De la misma forma lo hacen miles de personas, en todo el planeta, a través de sus teléfonos y computadoras portátiles.

Esos videos de usuario nos dieron una ventana a la crisis migratoria en Europa, fueron piezas del rompecabezas en los ataques terroristas de Francia y San Bernardino, pruebas irrefutables de los casos de brutalidad policial en Estados Unidos y aves de pésimo agüero al mostrar las decapitaciones de ISIS a jóvenes sunitas y soldados sirios, con la escalofriante calidad de alta definición, que usualmente tienen los vídeos de esa organización.

Por eso, la responsabilidad que conlleva cada tuit, cada sesión de Snapchat o Periscope me obliga a renovar mi compromiso de objetividad periodística diariamente. Mi trabajo es darle contexto a lo que reporto, investigar, cuestionar, corroborar, y no simplemente repetir lo que otros ya dijeron.

Como beneficio agregado, las nuevas formas de transmitir noticias también me permiten darles un toque más personal. En mis redes sociales puedo abogar por mi comunidad, mi país, o mis creencias, sin transgredir las políticas de los medios para los cuales trabajo.

Por ejemplo, cuando me tocó ir al aire con mi colega Jorge Ramos, inmediatamente después de que Donald Trump lo hiciera expulsar de una conferencia de prensa por preguntar sobre su propuesta para deportar a 11 millones de indocumentados, sabía que al terminar el programa, podría seguir la conversación en mis plataformas, sin los límites de tiempo que impone la televisión.

Esa es la principal ventaja que nos ofrece "La Era Digital". Todos podemos participar, desde cualquier lugar donde exista conexión a internet, en los temas que nos interesan. Sin embargo, con esa libertad surgen nuevos retos, como el uso indebido que convierte a las redes sociales en instrumento para actividades ilícitas, que van desde la pornografía infantil, hasta el diseño de atentados terroristas.

La investigación del ataque a un centro de servicios sociales en San Bernardino, California, donde murieron 14 personas, reveló que los implicados habían expresado su simpatía hacia ISIS en las redes sociales. Un dato que, de haber sido descubierto a tiempo, tal vez pudo evitar la masacre.

El ataque no solo encendió la polémica, que lamentablemente ha convertido la palabra "musulmán" casi en sinónimo de terrorista, sino que además agravó el debate acerca de la tenencia de armas -en lo que va del año se han reportado 13,013 muertes por armas de fuego, de las cuales 3,282 eran menores de 17 años, según Gun Violence Archive- y avivó sentimientos anti-inmigrantes.

En consecuencia, las voces de la contienda por la Casa Blanca -centradas en promover el miedo y el odio- se fortalecieron y amenazan los valores del “faro de la libertad e igualdad”.

El magnate inmobiliario Donald Trump lanzó su campaña a la presidencia con un discurso en contra de los inmigrantes mexicanos que movió las fibras de la mayoría de los hispanos en este país, incluyéndome.

A partir de entonces ha demostrado que la retórica sensacionalista, sin más fundamento, que su habilidad como empresario, y una excelente estrategia de medios, le han valido más de los 15 minutos de fama que las épocas pre-reality shows le hubiesen otorgado. Sólo la transformación de Bruce Jenner en Caitlyn ha sido más comentada.

En cambio, la libertad de expresión le costó la vida a 12 trabajadores del semanario francés Charlie Hebdo que fueron asesinados por dos extremistas islámicos, tras la publicación de unas caricaturas irreverentes que simbolizaban al profeta Mahoma.

Aquí reitero que hemos fracasado en la asignatura básica de no repetir errores históricos. La "Guerra Santa" que defienden hoy estos grupos terroristas es comparable, en materia de creencias, a las Cruzadas, a la Evangelización del Nuevo Mundo, y a tantas otras persecuciones religiosas que han afectado al mundo.

Mientras escribo esto, hay otras crisis en desarrollo. Más familias cruzando la frontera por la violencia en Centroamérica y reportes de redadas de inmigrantes, planeadas para comienzos de 2016. Ya Trump se tomó el crédito por las futuras deportaciones. Pero basta de mencionarlo, al poner su nombre aumento el número de artículos que genera en internet, e indirectamente sigo ayudando a su popularidad en las encuestas, aunque estoy convencida, que no en el electorado.

Como corresponsal, este año nuevamente enfrenté panoramas desoladores. Mi #vidadeperiodista me llevó a Haití, donde todavía hay alrededor de 80,000 personas viviendo en carpas, en condiciones infrahumanas, desde el terremoto de 2010.

Regresé a mi país, Venezuela, a grabar testimonios de personas que fueron torturadas por entes del Estado, luego de las protestas estudiantiles de 2014. Entré a los barrios más peligrosos de Argentina, donde la droga hace estragos en la juventud y seguí de cerca el movimiento "Black lives matter" que lucha para proteger la vida y la integridad de las personas de la raza afroamericana que, como demuestran las estadísticas, todavía son azotadas por la violencia, pobreza, falta de salud, educación y los recursos necesarios para salir adelante. Hace 152 años se abolió la esclavitud, pero sin duda, la huella del racismo no se ha borrado por completo, y sus estragos siguen siendo visibles.

A pesar de todo, soy una optimista incurable, y aunque tengo los pies bien firmes en la tierra, me aferro a las noticias positivas. Las agrupé al final, con la esperanza de que sean indicios de mejores tiempos por venir.

El gobierno de Colombia y las FARC firmaron un acuerdo de paz para terminar con el conflicto que ha cobrado más de 200,000 vidas en su territorio, durante más de 50 años.

Sin mucha fanfarria, la bandera de Estados Unidos se izó frente a la recién abierta embajada en La Habana, y Cuba fue eliminada de la lista de patrocinadores del terrorismo, mientras que su enseña patria también ondea en Washington.

Asimismo, Mauricio Macri puso fin a 12 años de gobiernos kirchneristas en Argentina, y el pueblo de Venezuela le pasó factura al chavismo por el crimen y la escasez.

Al parecer hay un cambio de tendencia en la región y los liderazgos viejos que apestaban a siglo XX van cumpliendo sus fechas de vencimiento.

Finalmente se logró la vacuna contra el Ébola, bajaron las tasas de mortalidad infantil, que estaban casi estancadas desde el año 2000. Estados Unidos aprobó los matrimonios del mismo sexo en los 50 estados y en la Cumbre de Cambio Climático se establecieron acuerdos serios para la reducción de emisiones contaminantes. Ya casi siento que puedo respirar mejor.

El 2015 marcó un momento cumbre en mi #vidadeperiodista, pues tuve la oportunidad de entrevistar al papa Francisco, en una audiencia virtual para la cadena ABC News, desde McAllen, Texas. Le conté al Papa las historias de los inmigrantes que acababan de cruzar la frontera entre México y Estados Unidos. Él conversó con ellos en televisión nacional. Poder elegir a las familias migrantes que hablarían con el Santo Padre y ver cómo tanto sufrimiento se borraba de sus rostros al escucharlo fue una experiencia que jamás olvidaré.


Inauguro este espacio #vidadeperiodista en NoticiasUnivision.com con la responsabilidad de trabajar para dos medios muy distintos: una organización de noticias tradicional, Univision, y un startup de noticias para milenios, Fusion. Mi objetivo es compartir mi visión de lo que significa ser periodista joven en esta era de cambio. Busco ser un puente entre el presente y el futuro, innovando sin dejar a un lado los pilares fundamentales de nuestra profesión.